La serie de medidas arancelarias anunciadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, podrían modificar el equilibrio del comercio internacional. La decisión, presentada como una estrategia para proteger la industria estadounidense, implica aumentos de hasta el 25 por ciento en los aranceles sobre la importación de automóviles y del 20 por ciento en productos de casi todos los países.
Este giro proteccionista genera preocupación en los mercados globales por sus posibles efectos en la inflación, el empleo y el crecimiento económico. La Argentina no queda exenta de posibles consecuencias, tanto directas como indirectas.
El objetivo del gobierno de Trump es reducir el déficit comercial estadounidense, que en 2024 supera los 130.000 millones de dólares. Se busca que la medida impulse la producción local y el empleo en sectores estratégicos, en particular en la industria automotriz. Sin embargo, las preocupaciones en torno a una aceleración inflacionaria y una posible recesión empiezan a manifestarse.
Los economistas advierten que el incremento de los costos en la importación de bienes generará un encarecimiento en la producción y el consumo. Si bien Trump sostiene que el impacto sobre la inflación será transitorio, analistas del mercado temen que las represalias de otros países agraven la situación.
Canadá ya anunció su intención de responder con medidas arancelarias equivalentes, y otras economías podrían seguir el mismo camino. A su vez, el consumo interno podría verse afectado por la suba de precios, impactando en la confianza del consumidor y en el valor de las acciones de empresas norteamericanas.
Cambios globales
Como forma de encuadrar los actuales sucesos en una perspectiva de largo alcance, cabe recordar que en los años ’90, América del Norte y Europa tenían una participación en el valor agregado manufacturero mundial superior al 60 por ciento, mientras que Asia y Oceanía explicaban menos del 30 por ciento.
Sin embargo, en los últimos treinta años la producción global se alejó gradualmente de las economías industriales tradicionales, dejando a América del Norte y Europa con una participación de solo 36,2 por ciento en 2023, mientras que la contribución de Asia y Oceanía aumentó al 56,7 por ciento, explicando la República Popular China 31,8 puntos porcentuales de esa participación.
La medida arancelaria de Trump afecta a varios de los principales socios comerciales de Estados Unidos, entre ellos México, Japón, Corea del Sur, Alemania, Reino Unido y China. Estos países, que en conjunto representan el 90 por ciento de las importaciones de automóviles, deberán evaluar si trasladan los costos a los consumidores o buscan nuevos mercados para sus productos.
El proteccionismo de Trump podría provocar una respuesta en cadena que derive en una guerra comercial a gran escala. Si más naciones adoptan medidas similares, el comercio internacional podría resentirse, generando una desaceleración de la actividad económica global. En un mundo interconectado, donde las cadenas de valor son cada vez más globales, el impacto de estas políticas puede ser más profundo de lo que aparenta.
China, en particular, se encuentra en el centro de esta disputa. Segunda economía mundial y principal exportador de bienes, sus decisiones en respuesta a las medidas de Trump serán clave para determinar la dirección del comercio internacional en los próximos meses. La aplicación de aranceles del 125 por ciento a los autos eléctricos chinos podría alterar la competitividad de la industria tecnológica y modificar la dinámica de inversiones entre ambas potencias.
Impacto local
La medida de Trump impactará directamente en varios sectores de la economía argentina. Uno de los que recibirán los mayores impactos es el sector energético. Las exportaciones hacia Estados Unidos en 2024 estuvieron concentradas en el sector de la energía (principalmente el petróleo), que representó cerca de un tercio del total de las ventas. El establecimiento de nuevos aranceles sobre la importación de crudo o derivados podría perjudicar la balanza comercial argentina.
Por otro lado, los alimentos y bebidas constituyen otro rubro clave, con productos como carne, vinos, azúcar y aceites que podrían enfrentar mayores restricciones para ingresar al mercado estadounidense. El sector minero y el aluminio también están en riesgo, dada la aplicación de un arancel del 25 por ciento a estos productos.
El sector automotriz, en cambio, no sufriría un impacto significativo, ya que Argentina exporta menos de 150 millones de dólares anuales en vehículos hacia Estados Unidos. Sin embargo, podría haber efectos indirectos. La reconfiguración del comercio global podría hacer que grandes exportadores como México y Brasil redireccionen su producción hacia mercados donde Argentina compite, aumentando la presión sobre las empresas locales.