El tema se hacía recurrente. Una vez por semana, en general luego de una victoria, cuando sabía que los bolsillos de sus pupilos corrían mayores peligros, la pregunta brotaba, natural, en el vestuario, o donde el Maestro los convocara. “¿Qué compraron con los premios? Compren casa primero, no se les ocurra comprar autos”, era la sentencia de padre severo, pero amoroso, preocupado.

Una mañana de su larga estancia en Ferro Carril Oeste se le ocurrió preguntar futbolista por futbolista qué autos tenían. Uno de los referentes, comedido y uno de los más bromistas del plantel, replicó: «Me compré un BMW». El director técnico rebatió: «¿Tenés departamento? Porque si no vas a tener que poner un inodoro adentro al auto, para que puedan ir al baño tus amigos cuando los invites a tomar mate». Y el jugador, con el libreto estudiado, remató, para darles pie a las carcajadas de sus compañeros: «Yo tengo una mujer muy linda y muy joven. Y, si no la gasto y me muero, la plata va a quedar para el novio de mi mujer».

El Viejo, Timo o, simplemente, el Maestro. Carlos Timoteo Griguol, que hoy murió a los 86 años, muchas veces criticado sin tomar en cuenta su figura en toda su dimensión, fue el entrenador de equipos que han dejado huella (el Ferro de los 80, el Gimnasia La Plata que ha quedado en las puertas del título en los 90), pero además se destacó por haber encarnado el rol de director técnico-docente. Se permitió sacarse el corset del pizarrón y mirar más allá de la pelota. Para él un gol valía tanto como una buena nota en la escuela. O cumplir con la palabra empeñada. “Carlos era un adelantado”, subraya Oscar Garré, quien lo tuvo 14 años como entrenador. “En los 80 jugábamos como se juega hoy”, explica. 

En 1969, después de retirarse como futbolista, empezó a dedicarse a la dirección técnica en las Inferiores de Rosario Central. El Canalla, Tecos de Guadalajara, Kimberley, Ferro (dos etapas; 1979-1987 y 1988-1993; ganó dos títulos), River, Gimnasia, Betis y Unión disfrutaron de sus enseñanzas, de su particular método de trabajo, de su mirada distintiva. Aquí, 10 anécdotas que elaboran una pintura que lo definen.

Timoteo marcó una época del fútbol argentino (Foto Baires)Timoteo marcó una época del fútbol argentino (Foto Baires)

 

EL TREN DE LAS NUBES

Las pretemporadas de los equipos de Griguol en Córdoba eran un clásico, en épocas en las que la base física para años extensos de competencia eran vitales. El lugar elegido era Villa Giardino. “Nos llevaba a hacer circuitos de 22 kilómetros en los cerros, subiendo y bajando; era el equivalente a 40 en el llano. ‘Ya me lo van a agradecer durante el año’, nos decía. Cuando nos llevaba el micro veíamos que las nubes tapaban los cerros. Y le gritábamos: ‘¡Nos querés hacer tocar el cielo con las manos!’”, recordó Oscar Garré ante la consulta de Infobae.

 

DIRECTOR Y ARTISTA

Otro clásico de las pretemporadas eran las ceremonias de cierre teatrales. En el hotel de Luz y Fuerza, en Villa Giardino, estaba lleno de jubilados. Y el último día se hacía una obra de teatro para agradecer, y todos teníamos que actuar. Y el Viejo se disfrazaba de bailarina… Unía al grupo y hacía reír a la gente», contó alguna vez Alberto Márcico en TyC Sports. El rito continuó con su descendencia: Garré y Gerónimo Saccardi mantuvieron la costumbre cuando asumieron la conducción en Ferro.

 

CASTIGO A LA JAPONESA

“Hicimos debutar al Ratón Ayala en Ferro. Al otro día hicimos una ejercitación y Griguol la repitió 100 veces. Una vez que terminó, me dijo: ‘Listo profe, llevátelos’. Entonces vino el Ratón y me preguntó: ¿Profe, el Viejo está enojado conmigo?’ ‘¿Por qué?’, le dije yo. ‘No, porque el ejercicio es la cagada que me mandé ayer’, me respondió. Con una simple ejercitación te hacía dar cuenta lo que habías hecho”, narró Javier Valdecantos, preparador físico que creció junto a Timoteo y hoy forma parte del cuerpo técnico de Guillermo Barros Schelotto.

“Timo”, junto al “Profe” Valdecantos (Foto Baires)“Timo”, junto al “Profe” Valdecantos (Foto Baires)

 

A TRABAJAR, Y NO SÓLO CON LA PELOTA

Podría decirse que Darío Cavallo siguió los designios de Griguol. El Viejo lo llevó a las Inferiores de Ferro y luego pasó a Gimnasia, donde saltó al profesionalismo. En el programa Si nos Dejan supo contar cómo Timoteo le daba profundo valor al trabajo… Y no sólo a los entrenamientos propiamente dichos. «En Ferro un día nos citan a los integrantes de la categoría 75. Estaban el Bocón Torres, Chaparro. Dijimos: ‘Qué bueno, nos citaron de Primera’. Pero en lugar de eso nos pusieron a todos en fila y nos dieron una bolsa de semillas: a sembrar toda la cancha. No sabés lo que fue. Timoteo de esas tiene 1.000. Te deja una enseñanza, busca generar el sentimiento de pertenencia», expresó.

 

CRACK ES EL QUE ESTUDIA

Sebastián Romero y Mariano Messera son dos de los retoños que consiguieron afianzarse en la élite bajo el paraguas de protección de Griguol en Gimnasia La Plata. Pero al entrenador que impuso la moda de la boina en el banco de suplentes no sólo le importaba el talento a la hora de diseñar el equipo. Pero… Una semana, coincidieron en un error: aparecieron con una baja nota en el boletín del colegio. ¿Qué es más importante? ¿La educación de los chicos o el resultado del domingo? Ese fin de semana no fueron titulares. Debieron repasar la lección en el banco de suplentes.

 

PIZARRÓN CON ARGUMENTOS

En Gimnasia, Gustavo Barros Schelotto osó en alguna oportunidad realizarle un planteo táctico. «Una vez le fui a decir que no quería jugar más de carrilero. Jugábamos con línea de tres y yo estaba de carrilero. Le dije que corría mucho y que quería tener más contacto con la pelota. Me dijo: ‘Está bien, te voy a poner. Decime a quién saco’. ‘No sé’, le dije. Era muy inteligente. Me dejó sin respuesta. Al otro día le dije que jugaba de carrilero», contó en un homenaje que TyC Sports supo hacerle al Maestro.

 

LA PALABRA NO PAGA MULTA

En el año en el que Ferro se consagraría campeón por primera vez en su historia, en 1982, hizo su pretemporada estival en Córdoba. De camino a la misma, cuando pasó por Oncativo, el micro no respetó un semáforo en rojo y un agente de tránsito ordenó que se estacionara. Tuvo suerte el plantel: el oficial era futbolero y, al hablar con Griguol, acordó que si el Verde disputaba un amistoso contra Club Atlético Flor de Ceibo de dicha localidad, la multa quedaba anulada. Y Ferro pudo seguir camino.

Pero para Griguol las promesas son promesas. Al regreso de la pretemporada, el micro de la delegación frenó en Oncativo. El partido finalizó 2-2, pero el resultado fue anecdótico. La palabra es un gol que no se grita, pero reconforta.

En Ferro tiene su estatua en la sede social (Foto: Télam)En Ferro tiene su estatua en la sede social (Foto: Télam)

 

LOS TRAVIESOS DE RIVER

Lo suelen asegurar varias de las figuras de River de mediados de los 80: prejuzgaron a Carlos Griguol. Y lo terminaron adoptando cuando el ciclo se acercaba a un final irreversible. Vale la pena repasar el por qué: el Millonario venía de una época dorada, con Héctor Veira, en la que había ganado Copa Libertadores e Intercontinental. Distintas situaciones llevaron a la dirigencia a buscar otro perfil en el banco de suplentes.

Lo supo contar Oscar Ruggeri, en una entrevista con Alejandro Fantino: «Griguol venía de la mejor época de Ferro y la banda en River se había descarrilado. Dijeron: ‘Traemos a Griguol y metemos disciplina’. El cambio viene porque un día vimos a varios dirigentes en la concentración, agarramos un cajón de tomates y huevos… Y sabés cómo les tiramos… No sabés cómo corrían. Nos avisaron en el micro, antes de un partido contra Racing, que iba a haber sanciones. Les dijimos: ‘¿Terminaron de hablar? Ahora bájense que nos vamos solos al partido'». En ese contexto hostil llegó Griguol. Y el recibimiento fue especial. «El Búfalo (Funes) tiró un tiro en cancha de River, no sabés la explosión… Andaba armado», amplió.

Ya con mayor armonía, el Viejo apeló a una de sus herramientas para encauzar el barco. «Tenía costumbre de hacer fiestas para unir al grupo. No había entrado bien, le costó seis meses durísimos el conocimiento, cuando nos dimos cuenta, quedaba muy poco», prologó Pedro Troglio. «Nos hizo una fiesta de disfraces y vino disfrazado de bañero de la década 30. Había una mesa armada, con comida, fila de platos. Oscar -por Ruggeri- fue a decir unas palabras, se paró en una silla, y quiso poner el pie derecho arriba de la mesa; la mesa se giró y se vino abajo todo», describió la reunión frustrada. «Dije las palabras y se terminó la fiesta. Si no había más comida; estaba toda en el piso», concluyó la anécdota el Cabezón.

 

LOS CODOS DE CABAÑAS

El Viejo fue un pionero en el análisis del rival por video o en tomar virtudes de grandes equipos a partir de los VHS. Le encargaba el material a su amigo Adrián Paenza e incluso mantenía extensas sobremesas con León Najnudel (el padre de la Liga Nacional de básquet) y Julio Velasco (una eminencia en el vóley que traspasó las fronteras de la disciplina) en las que intercambiaba ideas de jugadas preparadas con los otros deportes.

«Lo que te decía que iba a pasar, sucedía», coinciden los que lo tuvieron como entrenador y docente. Pues bien, la defensa de Ferro debía enfrentarse ante un delantero paraguayo que hacía sus primeras armas, pero ya se mostraba temible: Roberto Cabañas. «Es bravo, va al choque y usa mucho los codos. Tengan cuidado con eso», les advirtió. Conclusión: a los 5 minutos de partido uno de los zagueros ya tenía un corte profundo en el rostro, gentileza del filo del atacante que luego pasaría por Boca. «Les dije, les dije», era un latiguillo que solía usar ante sus dirigidos cuando sus presagios se cumplían, pero las advertencias no alcanzaban.

Su legado reside en la estatua en la sede social de Ferro, en los lazos que generó con Gimnasia y Rosario Central. En el abrazo que le dedican sus dirigidos cada vez que lo encuentran. Al Maestro, siempre, con cariño.

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