Tras las barbaridades que lanzaron las periodistas Laura Di Marco y Viviana Canosa en LN+ el último fin de semana sobre Cristina Kirchner y su hija Florencia, varias organizaciones que nuclean a profesionales de la Salud de distintas especialidades salieron a responderles y llamar a la responsabilidad a la hora de hablar en los medios de comunicación.

En ese sentido la Asociación Colegio de Psicoanalistas cuestionó «¿qué puede inducir a una periodista a pronunciar con certeza especulaciones acerca de psicología, psiquiatría, psicoanálisis, conjeturas acerca de la etiología de los trastornos mentales, afirmaciones acerca de diagnósticos y enlaces causales entre los diferentes elementos que se ponen en escena cuando se intenta abordar la complejidad de un padecimiento mental?».

Y advirtió: «Como profesionales de la salud mental consideramos que la potencia discursiva que contienen determinadas opiniones emitidas en espacios públicos con una notable difusión, debiera obligar a quienes hacen uso de ellos a realizar una profunda reflexión para poner en escala las consecuencias de sus manifestaciones».

«¿Se autorizaría a sí mismx un/a profesional de salud mental a afirmar la monocausalidad de cuadros como la anorexia nerviosa, la psicopatía, la adicción? ¿Y aun más, a reducir esa monocausalidad exclusivamente al vínculo materno, obviando la complejidad del funcionamiento del aparato psíquico, la complejidad de su historia constitutiva, las variables culturales e históricas que contribuyen a modelar el psiquismo, las marcas transgeneracionales, las investigaciones que desarrollan las neurociencias? Difícilmente», sentenció.

Y advirtió: «La periodista Laura Di Marco —en un diálogo con una complaciente Viviana Canosa— emitió al menos siete afirmaciones diagnósticas y etiológicas: adicción, abuso, anorexia nerviosa, psicopatía, narcisismo patológico, bipolaridad, intento de suicidio. Cada una de estas clasificaciones, ya sea de índole diagnóstica o por hechos acontecidos, en manos de un/a profesional de salud mental, sería el resultado de un trabajo minucioso, de la utilización de una batería de elementos diagnósticos (múltiples entrevistas o herramientas variadas de psicodiagnóstico) y formulada después de un lapso variable de tiempo de estudio y análisis hasta llegar a conclusiones, siempre provisorias y en continua revisión. La ligereza con la cual se han realizado estas afirmaciones en el diálogo televisivo citado nos resulta peligrosamente problemática por múltiples motivos».

  • Banaliza el ejercicio de las profesiones vinculadas con la salud mental sugiriendo que en esta disciplina son posibles las afirmaciones concluyentes y “autorizadas” por parte de cualquier persona, aun cuando no haya tenido nunca en su vida un acercamiento ni una práctica que justifique la emisión de una opinión propia al respecto. Probablemente la misma persona que opina al respecto públicamente, se abstendría de hacer afirmaciones tan contundentes si se tratara de diagnósticos pertenecientes a otras disciplinas de salud no apropiables por el sentido común, que en ocasiones (ésta, una de ellas) resulta tan alejado del pensamiento científico.
  • Estigmatiza al sufrimiento mental sentenciando a quienes lo padecen: adicciones, anorexia, narcisismo, etc. todo planteado con un nivel de reduccionismo y simplismo casi infantil asegurando que estos padecimientos son inhabilitantes y constituyen una mácula para quien los padece, como si padecerlos fuera vergonzante.
  • Ofrece una explicación causal acerca de fenómenos de una enorme complejidad, inferencias que sólo pueden ofrecerse desde una profunda ignorancia acerca de la etiología de fenómenos mentales que constituyen un desafío clínico para los profesionales aun cuando tengan decenas de años de formación.
  • Da a entender a la población que el sufrimiento mental tiene una culpable, la madre, consideración que desde hace mucho tiempo es revisada por un amplio espectro de profesionales y que resulta añeja si nos proponemos revisar con seriedad, insistimos, la enorme complejidad etiológica del sufrimiento mental y especialmente la histórica responsabilización que las mujeres (¿locas?) tienen en la “locura” de lxs hijxs
  • Pretende hablar en defensa de quienes padecen a sus madres, pero paradójicamente (o no) se violenta a las mismas personas de cuyo sufrimiento o de cuyo diagnóstico se habla públicamente. Violencia estigmatizante y permanente ejercida sobre esos seres sufrientes, tanto o más peligrosa que la que cada una de las historias personales pueda haber padecido, en tanto su banalización en espacios mediáticos se constituye en un presente imprescriptible de señalamiento social.

Para la Asociación Colegio de Psicoanalistas y los profesionales de salud «en ningún caso debiera justificarse la indelicadeza de juzgar y exponer públicamente consideraciones acerca de la salud mental de un oponente político ni de ninguna persona. Se atraviesan límites que trascienden la intencionalidad de quien opina y pueden ser tremendamente peligrosos en sus consecuencias. Consideramos que la amplia difusión de la palabra de estxs comunicadorxs tiene efectos materiales y produce consecuencias irreversibles, hiriendo y dañando a una importante porción de la población y a sus familias que, precisamente por su vulnerabilidad, debieran ser protegidas por la comunidad toda».

En la misma línea la Asociación de Salud Mental condenó las afirmaciones de Di Marco y Canosa.

A través de un comunicado hecho público desde sus cuentas de redes sociales la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM) difundió su ‘más enérgico repudio’ por las expresiones vertidas por la periodista Di Marco en relación a la supuesta enfermedad que, según ella, padece la hija de la vicepresidenta de la Nación.

«En efecto, en ese programa, la periodista no solo se dirigió en forma ofensiva, violenta, inadecuada y desafortunada en relación al estado de salud de una persona, sino que realizó por televisión un diagnostico en forma ilegal, afirmando que la hija de la vicepresidenta padece una “Anorexia nerviosa galopante” y, además, describió con conceptos falsos, incoherentes y absurdos la supuesta causa de ese padecimiento, aseverando que la misma, es producto de “la falta de madre”, señala el comunicado.

Y advierte que «en este contexto, el trato mediático inadecuado, en este caso, evidenció la violación total del derecho a la intimidad de una persona, la ausencia de las más elementales normas éticas, pero fundamentalmente, el desconocimiento de las normas vigentes en relación al trato que los medios se encuentran obligados a cumplir según la ley«.

«Los temas de salud deben ser tratados por profesionales de la salud y no por comentadores o periodistas, que muchas veces lo hacen desde el odio, el amarillismo, el morbo y las opiniones desacertadas y malintencionadas, que solo logran estigmatizar y violar los derechos de las personas con padecimiento mental y desinformar y confundir a la sociedad», sentencia el comunicado.

Y concluye: «Para finalizar, nos solidarizamos con todas las personas y las familias que están atravesando esta gravísima problemática, e instamos a los periodistas a tratar con seriedad los temas de salud y a las autoridades a tomar las medidas necesarias para sancionar esta miserable actitud que nada tiene que ver con el periodismo».

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