Nunca se vio una caída de este tipo en un mes. Es una situación inédita. Son 10 millones de unidades de medicamentos –es decir, envases y no comprimidos– que se dejan de comprar, de los cuales el 70 por ciento son recetados. Es muchísimo”, detalla a Página12 Ruben Sajem, farmacéutico y director del Ceprofar. En paralelo, entre la gente que todavía puede adquirirlos, se exhiben dos modalidades: o bien, escoge envases más chicos de los que acostumbraba a llevar, o bien, se vuelca a la adquisición de blísteres. El antecedente más inmediato de caída había sido de un 5 por ciento anual en 2019, cuando el presidente era Mauricio Macri.

La magia del libre mercado

Durante el gobierno anterior, los laboratorios subían los precios de sus medicamentos a tono con la inflación. Caídos los acuerdos de regulación, a partir del 31 de octubre, el libre mercado hizo su magia y en el presente limita el acceso a la salud de cada vez más personas. De acuerdo a Ceprofar, del 1° de noviembre al 31 de enero de este año, los medicamentos vendidos bajo receta subieron un 112 por ciento, mientras que la inflación lo hizo en un 71 por ciento.

En esta línea, si bien en 2023 los precios de medicamentos escalaron un 319 por ciento, los mayores incrementos se revelaron en los dos últimos meses. Ante esta situación, que también se suma a la pérdida del poder adquisitivo, es natural que la compra de estos artículos se vea restringida. Ceprofar compara las compras en enero de 2023 contra las del mismo mes de 2024 y registra una caída del 18.2 por ciento, que se traduce en 10 millones de unidades menos. Si se compara lo que sucedía en diciembre de 2023 contra el mismo mes en 2022, la disminución en la compra fue del 17 por ciento, que se expresa también en una caída aproximada de 10 millones de unidades mensuales.

“Los datos de este informe son altamente preocupantes por varias razones. Desde el 31 de octubre de 2023 se dejó de regular, controlar y, aunque sea, de observar lo que pasa con los precios. Hay 40 puntos de diferencia en el precio de los medicamentos por sobre la inflación y obviamente sobre los salarios y las jubilaciones”, advierte Sajem. Luego continúa: “En ningún país del mundo se dejan de regular los precios; incluso en las naciones más liberales que dejan todo en manos del mercado saben que en el campo de la salud ese mecanismo no funciona”.

El referente refiere a algunos como países como Estados Unidos, Reino Unido, Francia o Luxemburgo que combinan diversas estrategias como el control directo de precios, con la inclusión de medicamentos en la cobertura que ofrecen los seguros sociales, importaciones paralelas y compras conjuntas. En Argentina, el experimento anarcocapitalista desplaza la frontera de lo posible y de lo conocido hasta el momento.

Por encima de la inflación

Las compañías farmacéuticas, como siempre, aprovechan la desregulación y sacan su tajada. “Los laboratorios no tienen ninguna razón para aumentar los precios por encima de la inflación. Hasta octubre del año pasado se venía cumpliendo bien, principalmente, a través de las obras sociales. El problema del incremento tan marcado de estos últimos meses es que dificultan la cobertura por parte de estas. Ni hablar de aquellas personas que accedían de forma particular”, destaca.

En este marco, las proyecciones a futuro distan mucho de ser más amables. “Pensábamos que los medicamentos que la gente no pudo comprar en diciembre quizás los podría adquirir en enero, pero no pasó. No sabemos qué pasará, pero el riesgo es evidente. Tenemos tratamientos para la hipertensión arterial, anti-ulcerosos, para la diabetes y prediabetes, antitrombóticos”, dice. En muchos casos, se trata de tratamientos preventivos, es decir, que ayudan a los pacientes a eludir cuadros más complejos que, potencialmente, podrían desarrollarse en el futuro.

“No solo estará en riesgo la salud de cada vez más gente, sino que genera un mayor costo para el sistema”, subraya. De hecho, es mucho más caro atender a un paciente internado que prevenir la complejización de su enfermedad antes de que este avance. Bajo esta premisa, incluso desde una ecuación costo-beneficio, el acceso a tratamientos redunda en un efecto positivo. Pero no la ven. 

 

pablo.esteban@pagina12.com.ar

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